Mujeres y hombres milagrosos de estas tierras

Mujeres y hombres milagrosos de estas tierras

En nuestro país hay muchos personajes que reciben la devoción popular, a quiénes se les deposita la esperanza y el ruego ante la desazón o situaciones de gran angustia. Estos personajes han sido personas consideradas justas y que han sufrido un trágico fin y son capaces, según las creencias, de conceder los milagros más difíciles. Algunos son de creencia pagana, otros de creencia religiosa. Lo cierto es que La Telesita, la Difunta Correa, Martina Chapanay, el Gauchito Gil, son sólo algunos de los tantos que reciben plegarias y ruegos por estas tierras.

La Telesita

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Telésfora Castillo o Telésfora Santillán, era una joven de la provincia de Santiago del Estero, conocida por su gusto por la danza, que murió quemada en la segunda mitad del siglo XIX. Luego de su muerte, las creencias populares regionales la convirtieron en «alma en pena» y «alma milagrosa», preservando su memoria de manera legendaria y mediante la tradición oral.

Al invocarse a la Telesita, se exalta su pasión por el baile y las características trágicas de su muerte. La leyenda  pertenece al folklore santiagueño y ha inspirado gran cantidad de canciones, poesías y relatos. Entre ellas una de las chacareras más antiguas que se conocen, recopilada a comienzos del siglo XX por Andrés Chazarreta.

Como toda tradición oral, varias versiones dan cuenta de su origen y de su trágica muerte al quemarse viva. Cuentan que de niña murieron sus padres y se refugió en el monte perdiendo su juicio. Sólo volvía al pueblo cuando había baile.

La Telesita ha sido asociada al hallazgo de cosas perdidas o robadas, pero también para encontrar agua, provocar lluvia. Para cumplir las promesas se originó la costumbre de organizar telesiadas,  es una especie de rogativa que consiste en una jornada de baile durante la cual se toma alcohol (aloja, vino o caña), y en los que las parejas no pueden cambiarse, debiendo bailar hasta caer rendidas. Ese rito es conocido como rezabaile.

Martina Chapanay Martina Chapanay fue una guerrillera que actuó en las guerras civiles argentinas del siglo XIX. Era hija de un cacique huarpe y nació en la Intendencia de Córdoba del Tucumán (Virreinato del Río de la Plata), alrededor del año 1800, en las Lagunas de Guanacache, probablemente en el actual territorio de la provincia de San Juan. Murió en 1887. El nombre «Chapanay», proviene del idioma huarpemilcayac: Chapacnay que significa «zona de pantanos».

 Martina se destacaba por sus aptitudes de jinete y cuchillera. Convivió con el bandido Cruz Cuero, jefe de una banda que asoló la región por años. Esta relación con Cruz terminó en una tragedia, ya que Martina se enamoró de un joven extranjero que secuestraron; Cruz golpeó a Martina y mató al joven de un balazo, pero Martina mató a Cruz con una lanza y quedó como jefa de la banda. Entre otras hazañas, se distinguió por haber vengado la muerte del caudillo riojano Ángel “El Chacho” Peñaloza y fue chasqui del ejército del general San Martín.

La tumba de Martina Chapanay es centro de una devoción popular porque compartía el fruto de sus robos con los más humildes, y continúa reuniendo a cientos de devotos en el pueblo sanjuanino de Mogna.

La difunta Correa

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Deolinda Correa, fue una mujer sanjuanina cuyo marido, Clemente Bustos, fue reclutado forzosamente hacia 1840, durante las guerras civiles. La soldadesca montonera que viajaba a La Rioja obligó al marido de Deolinda, contra su voluntad, a unírseles. Esto hizo que Deolinda, angustiada por su marido y a la vez huyendo de los acosos del comisario del pueblo, decidiera ir tras él. Tomó a su hijo lactante y siguió las huellas de la tropa por los desiertos de la provincia de San Juan llevando consigo sólo algunas provisiones de pan, charqui y dos chifles de agua.

Cuando se le terminó el agua, Deolinda estrechó a su pequeño hijo junto a su pecho y se cobijó debajo de la sombra de un algarrobo. Allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Al día siguiente, unos arrieros pasaron por el lugar  y encontraron el cadáver de Deolinda, su hijito seguía vivo amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. Los arrieros la enterraron en el paraje conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al niño.

Al conocerse la historia, muchos paisanos de la zona comenzaron a peregrinar a su tumba, construyéndose con el tiempo un oratorio que paulatinamente se convirtió en un santuario donde la gente deja las botellas con agua, pensando que «Nunca le falte agua a la Difunta».

El Gauchito Gil

Nos cuenta Félix Coluccio que el gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez, o Antonio Gil, o Gauchito Gil tenía a mediados del siglo pasado, una banda que “despojaba de dinero a los ricos para dárselo a los pobres”. Se cree que nació en el departamento correntino de Mercedes, antes denominado Pay Ubre, en cuyo cementerio se encuentra su cuerpo. Murió un 8 de enero de 1878.

Su mayor trascendencia transcurrió entre 1840 y 1860, época de caudillos y montoneras. Su vida está envuelta en mil enredos, se dice que fue peón explotado que se volvió matrero, también que actuó en la Guerra del Paraguay bajo las órdenes del General Madariaga, y que fue ejecutado por desertor.

Los federales litoraleños, después de la caída de Rosas, se dividieron en Rojos (tradicionales de la divisa punzó o autonomistas) y Celestes (liberales). Según cuentan las historias, Gil fue reclutado por los celestes del coronel Juan de la Cruz Salazar, y como el gauchito era netamente colorado, aprovechó un descuido y se dio a la fuga. El gaucho fue detenido y llevado a Goya. En el camino, fue colgado cabeza abajo desde un algarrobo y degollado. Aparentemente fue colgado de esa forma para evitar los supuestos poderes hipnóticos que tenía y para que no influyera el payé de San la Muerte que tenía colgado al cuello.

Su primer acto milagroso sucedió momentos antes de su muerte. Le dijo a su futuro verdugo que una vez que le diera muerte, iba a ir a su casa y encontraría a su hijo muy enfermo, pero que si lo invocaba, sanaría.Este sargento volvió al lugar de la ejecución y puso una cruz de espinillo (algunos dicen que de ñandubay); al poco tiempo la gente comenzó a visitar el algarrobo y la tumba, dejando sus votos y velas encendidas.

Maria victoria Bonetto -Periodista, productora  por muchos años de lv2

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